Suelo de vinilo o PVC

Tipos de Suelos vinílicos y de PVC

¿Hay diferencias entre los suelos sintéticos de vinilo y PVC?

La verdad es que no, no hay diferencias si atendemos a su composición, pero sí es cierto que se suele llamar suelo de PVC a los suelos que se presentan en forma de losetas y se conoce por suelos vinílicos a los que se venden en rollos o láminas.

Los suelos de PVC (Policloruro de vinilo) han entrado con fuerza en los hogares de todo el mundo, podemos comprar suelos vinílicos o de pvc en forma de losas o en rollos en múltitud de diseños, texturas y colores. Últimamente están de moda los suelos vinílicos que imitan la madera de forma muy acertada.

Hay una clasificación que nos puede orientar sobre el suelo vinílico que queremos comprar:

Suelos vinílicos continuos: Se venden en rollos de diferentes tamaños pero la peculiaridad es esa, son suelos vinílicos flexibles que se compran en rollos.

Losetas vinílicas y lamas de PVC: Aunque no hay una diferencia en el material, las lamas suelen hacer referencia a piezas rectangulares unitarias similares a lo que conocemos habitualmente con otro tipo de tarimas de madera. Sin embargo las losetas suelen ser placas más o menos grandes que imitan una distribución aleatoria de lamas de PVC.

Para que nos entendamos, si compráis lamas de PVC para exterior, encontraréis lamas de grandes dimensiones en imitación a madera u otros productos que vemos habitualmente en exteriores. Sin embargo, los suelos de vinilo que podemos ver en interiores de una habitación de niños, es más que probable que procedan de una instalación a partir de un rollo vinílico o de placas (losetas) vinílicas.

Características de los suelos de PVC

  • resistencia
  • impermeabilidad
  • higiene
  • rapidez en su instalación
  • buena relación calidad/precio
  • sencillez en su limpieza y mantenimiento

Todos ellos son factores reconocidos y apreciados desde hace muchos años en edificaciones públicas, sanitarias, educativas o comerciales, es decir, en recintos con mucho tránsito que deben fomentar la seguridad y la higiene.

La novedad radica ahora en la progresiva irrupción de este tipo de pavimentos en la decoración de viviendas residenciales, una realidad atribuible al incremento de las propuestas por parte de los fabricantes. Gracias a los nuevos diseños, el usuario se ha fijado en los suelos de PVC y, una vez instalados, ha comprobado todas sus ventajas: son muy resistentes al tiempo y al uso; son prácticos, higiénicos y ligeros; se instalan rápidamente sobre cualquier tipo de solado (siguiendo las instrucciones del fabricante puede colocarlos uno mismo); su coste es inferior al de los pavimentos de madera y cerámica; cumplen con todas las exigencias vinculadas a la reacción al fuego; y son muy fáciles de limpiar.

Para mantener en perfecto estado los suelos de PVC, basta con pasar la aspiradora o la mopa regularmente, y limpiarlos con una fregona bien escurrida en una disolución de agua caliente y jabón neutro, una vez por semana. Tan solo en caso de derrame o salpicadura para evitar posibles decoloraciones del material conviene actuar de inmediato sobre estos pavimentos

¿Qué es el PVC?

El PVC es una combinación química de carbono, hidrógeno y cloro, cuyos componentes provienen en un 43% del petróleo y en un 57% de la sal. Es un material ligero y químicamente inerte e inocuo, además de termoplástico, es decir, que con la acción del calor se reblandece para su moldeo, mientras que una vez frío adquiere la forma deseada sin perder su consistencia original.

Es el plástico más utilizado en España por su gran versatilidad —se transforma fácilmente a través de distintos procesos—, por su excelente relación calidad/precio, por su capacidad aislante y por la sencillez de su limpieza y mantenimiento. Todas estas propiedades han convertido al PVC es un material apropiado para aplicaciones de larga duración en la industria de la construcción. Así, lo encontramos en ventanas y cerramientos, conductos y tuberías, puertas, mobiliario y pavimentos, entre otras utilidades.

Camino hacia la sostenibilidad

Desde el punto de vista medioambiental, el PVC tiene a su favor los siguientes aspectos: necesita un 15% menos de energía que el linóleo o la cerámica en sus procesos productivos, y un 50% menos de petróleo que otros plásticos, por lo que emite una cantidad mínima de CO2 a la atmósfera.

Además, al ser un material de larga duración, no ha de ser reemplazado con cierta frecuencia, lo que redunda en beneficio de la sostenibilidad. Esto se aprecia claramente en el caso de los suelos de PVC, que permanecen en óptimas condiciones durante muchos años con unos cuidados mínimos.

Por último, gracias a su facilidad de transformación y su gran versatilidad, el reciclado del PVC resulta sencillo: en producción, consiste en incorporar a los procesos productivos los recortes industriales en diferentes proporciones, mezclados con material virgen. Y el reciclado post-consumo tampoco presenta ninguna dificultad si los residuos son separados correctamente, de forma que se logre dar una segunda vida al material, transformando lo que era un objeto de PVC en otro producto distinto al original.



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